Hija de un rugbier legendario,
fue educada en un exclusivo colegio de
Belgrano y presentada en sociedad en una tradicional fiesta
de gala.
Primero estudió actuación, luego fue modelo y ahora, a
los 28, con dos
hijos, debutó en el teatro de revista. Viaje al mundo
de esta
muchacha que dice que juega a ser vedette y se divierte.
Todo estaba previsto para que siguiera con la tradición
familiar. Nació
en cuna de oro, fue educada en un colegio inglés, aprendió
idiomas,
practicó deportes, se rodeó de amistades de su nivel social,
veraneó
en Punta del Este... Pero Denise Dumas (28), eligió otro
rumbo para
su vida. Primero, le picó el bichito de la actuación,
después
descubrió el modelaje y este verano el desafío fue aún
más grande:
debutó como vedette junto a Moria Casán. En Mar del Plata,
en la
obra El fondo puede esperar, encabezada por Nito Artaza.
Hija de Renée Delger y de Marcos Dumas, un jugador de
rugby legendario
de CUBA (Club Universitario de Buenos Aires) y de Los
Pumas.
Marcos era economista y su último trabajo fue de gerente
en una
empresa de transportes. Murió de cáncer en 1999, a los
56 años.
Su madre, una mujer bellísima, trabajó en laboratorios
médicos.
Denise es la menor de tres hermanos.
Con descendencia catalana e irlandesa por el lado materno,
y francesa,
por el otro, Denise resulta ser, según la mamá, "una maravillosa
mezcla
de los dos.
Tiene, además, simpatía, dulzura y carisma". La protagonista
de
esta historia da su mirada: "De mamá heredé la polenta
y la fuerza.
De papá, la paciencia, el optimismo y la forma de encarar
las
cosas con alegría".
A su vez, Denise, es sobrina nieta de Jaime de Nevares,
ya fallecido,
quien fuera obispo de Neuquén y un reconocido defensor
de los derechos humanos y de trascendentes causas sociales.
Tenía una excelente
relación con él, de mucho respeto.
Hace algunos años, cuando mamá Renée le comentó que estaba
preocupada porque veía que su hija tenía una personalidad
demasiado pintoresca y muy actoral, De Nevares le aconsejó:
"Déjala ser".
Cambia, todo cambia
A los 17, la muchacha fue feliz a un tradicional baile
de COAS, donde,
según el ritual social de generaciones anteriores, las
niñas de la
aristocracia vernácula eran presentadas en sociedad (esto
ya se dejó de hacer). Bailó el vals con otro chico distinguido,
enfundada en un vestido
de satén verde que le diseñó su mamá con una modista exclusiva.
La fiesta, pese a su glamour, tenía sus peros: para algunos
era un poco
snob y para otros, tenía un buen fin, que era el de recaudar
plata para
los hospitales.
Lo cierto es que, con la misma alegría que irradiaba en
las escaleras
del Hotel Plaza en ese entonces, Denise circula hoy entre
bambalinas
por los pasillos del teatro Atlas, con figuras del ambiente
artístico
como Moria y Nito, sus compañeros de elenco.
Allí se emperifolla frente a un espejo lleno de luces,
se maquilla sola
con sombras de colores, purpurina y viste diseños con
brillos,
lentejuelas y se calza pelucas. Convive dignamente exhibiendo
su
glamour, entre bailarines y bataclanas.
Denise tiene muy claro por qué aceptó ser vedette. "Me
gustan los
desafíos. Si veo que se puede trabajar y aprender y que
vale la pena,
me animo. Esto es como una fantasía. Juego a ser vedette
y me
divierto", explica.
En el teatro, Dumas tiene un camarín para ella sola. Hay
fotos de su
marido, Germán Barceló (actor y músico, también está trabajando
en
Mar del Plata haciendo la obra No saludarán en el atrio),
de sus dos
hijos, Isabela (de dos años y diez meses) y Santino (un
año); y papeles
con dedicatorias cariñosas de su familia. Dice no tener
cábalas, pero
desde que debutó quedó sobre una mesa una brujita que
le
regalaron y dos moños navideños. Antes de salir a escena,
cuenta
que lo único que dice es: "Mierda, mierda" y ya.
En la obra, la rubia Denise aparece en diferentes momentos:
hace una presentación con todo el ballet, tiene su propio
musical, actúa en dos
sketches y aparece en el saludo final.
"Lo que más miedo me daba era bailar. Pero me entrené
mucho con
Flavio Mendoza, un gran coreógrafo", cuenta. Artaza la
había llamado
hace dos años para trabajar en otro espectáculo, pero
Denise estaba
viviendo en México, porque su marido estaba de gira. "Pero
Nito me
dio una segunda oportunidad, por eso estoy muy contenta",
subraya la flamante vedette. Ahora, ¿qué hace una modelo
como Denise, divina, flaquísima, delicada, en el teatro
de revista?
¿Qué puede aportar ? "Justamente Nito no buscó una vedette
tradicional -explica con su tono suave pero agudo-. Vengo
a aportar
cosas desde otro lado.
Por lo que él me dijo, quería un poco de distinción, de
glamour, que
vean sobre el escenario a alguien con un perfil diferente.
Me parece
que quiso agregar algo extra al show. De hecho, algunos
se
preguntan: A ver esta chica, que desfilaba alta costura,
¿qué hace en
el escenario? Hay que ver el espectáculo para darse cuenta.
Yo bailo
lo mejor posible y me divierto en los sketches. Soy bastante
responsable", expresa con la certeza de que las críticas
no tardarán
en llegar. "Sé que son parte del juego y me las banco.
Estoy abierta
a ellas, porque estoy pagando un derecho de piso. Es mi
debut teatral.
Moria me decía el otro día: Estás debutando en Fórmula
1. Siento que
me subieron a un éxito y por eso estoy agradecida, es
todo aplauso
y disfruto. Hasta el 6 de marzo estaremos en Mardel",
anuncia.
Teatro y terapia
No hay antecedentes en la familia Dumas de algún familiar
que haya
trabajado en este tipo de shows. Pero sí hay datos que
reflejan algunas similitudes. Por ejemplo: su papá, Marcos,
es recordado como un tipo bohemio, que disfrutaba yendo
al teatro. "A él le hubiera divertido lo
que estoy haciendo. Era un padrazo y se lo extraña mucho",
agrega.
Marcos era primo hermano de El Gato Dumas, un célebre
cocinero,
muerto hace poco. A su vez, Renée, su mamá, filmó varios
avisos
comerciales y durante un tiempo estudió teatro como terapia
para
superar la muerte de su hija Janine, cinco años mayor
que Denise,
quien murió en un accidente automovilístico. De hecho,
ella fue
quien impulsó a su hija para estudiar teatro.
"Denise -dice su madre- se había metido para adentro por
la muerte
de la hermana; no se le podía hablar. Fui yo la que le
propuso hacer
teatro. Y así empezó con Berta Goldenberg". Renée asegura
que
siempre supo que la menor de sus hijas iba a ser actriz
porque "era
muy teatrera".
La cuestión es que mientras estudiaba teatro, Denise se
enteró de
que había un casting para la segunda parte de Montaña
rusa, una tira
de Canal 13 que había sido un éxito. "Fui, hice las tres
cuadras de cola
y dejé una foto.
Al tiempo, me llamaron para una prueba y quedé. Estaba
feliz. Me
acuerdo que cuando me eligieron, festejamos con papá.
Es más: él me acompañó a firmar el contrato", recuerda
y se entusiasma con el
tema. "Me encantaba la tele. De chica ya sabía que no
iba a seguir una
carrera convencional. Nunca me proyecté como médica o
como abogada
y mis papás, por suerte, siempre me apoyaron", cuenta
Denise. A
veces, las segundas partes no son buenas . Bueno, la tira
tuvo poco
rating y nada de éxito. Pero igualmente , el trabajo le
rindió: ahí
conoció a quien se convertiría en su marido tres años
después.
En la novela, ella y él hacían de hermanos. "Me acuerdo
que un día
Germán me arrinconó y me dijo No somos hermanos, y me
dio un
beso. Ahí nos enamoramos", comenta. La boda fue en 1999.
Después de Montaña..., la llamaron para participar en
Ricos y famosos,
tira de Canal 9, con el sello de Alejandro Romay. Y en
ese contexto,
Denise llamó la atención por su belleza, fineza, su metro
setenta y ocho
y su delgadez.
De hecho,también impactaba en la vida cotidiana. Parece
que un
verano en Punta del Este, Pancho Dotto la había tentado
para llevarla
a su agencia, pero ella estaba a full metida en la equitación
y
enamorada de los caballos y se negó. Ricardo Piñeiro,
en cambio,
tuvo más suerte. La llamó después .de haberla visto trabajar
en la
tele y entonces dijo sí. Estuvo ocho años en la agencia
de Piñeiro,
donde hizo campañas de ropa interior, desfiles de alta
costura;
comerciales para Alemania, Chile y otros países de Latinoamérica,
entre otras cosas.
Cuenta la madre: "De chiquita nos preocupaba que Denise
fuera modelo
porque el ambiente nos parecía difícil y ella tenía un
modo de ser
muy lindo. No era competitiva. Nunca fue una chica conflictiva",
comenta. En 2002, Denise sorprendió cuando aceptó conducir
Café
fashion.
Su coequiper era Ginette Reynal, otra mujer de su misma
condición
social (ver recuadro). El programa iba a la medianoche
por Canal 9
y se contaban chistes subidos de tono, había entrevistas,
bailarinas
en cola-less. Todo muy bizarro. "A Denise la cuestionaron
mucho por
ese trabajo. Pero nosotros le teníamos confianza, porque
siempre
fue muy madura y lo vio como algo de lo que podía aprender",
confía
la madre y responde sincera cuando uno le pregunta su
opinión: "A
mí no me gustó. Hubiera preferido que estuviera en otro
programa".
Más allá de las críticas, Denise no se achicó y siguió
adelante: "Trato
de no perderme ninguna posibilidad de trabajo y acepté
Café fashion
como un desafío.
Aprendí mucho sobre la conducción porque valía todo. El
programa
era en vivo y llegué a entrevistar a personajes del espectáculo
como
Raúl Lavié, Violeta Rivas, Donald. Además la producción
era muy
cuidadosa. Fuera del aire, el clima de laburo era muy
serio", señala.
Pero en pantalla se veía otra cosa. ¿Te bancabas los
chistes o las
groserías?
A veces costaba, pero después le encontré la vuelta. En
un momento
decidí no avalar ni ponerme mal por las groserías. Tampoco,
justificarlas o censurarlas.
Ojo, también me divertía. Y cuando era algo demasiado
subido de
tono, me escondía debajo de la barra con la panzota, porque
la
estaba esperando a Isabela.
También creo que aprendí a sortear situaciones difíciles
ya que
había invitados que se iban enojados, otros que no aparecían.
En
nueve meses aprendí mucho. Fue un riesgo porque podía
quemarme,
pero no pasó.
Perfil de infancia
Tímida, algo payasa, histriónica.
De chica, esta sagitariana se las arreglaba para llamar
la atención.
En principio, se resistió a ir al jardín de infantes:
"Lloraba mucho.
Llegué a recorrer seis jardines y no se quedaba en ninguno.
Finalmente, a los 4, conseguí que se quedara en el jardín
de una
amiga mía", dice la mamá, quien se define como "muy
sobreprotectora". Denise, que jugaba con muñecas y disfrutaba
disfrazándose, se hace cargo de que enloquecía a su madre
con
sus manías. Una de ellas era por los elásticos de la ropa
interior.
Renée recuerda que llegó a comprarle 26 bombachas y ninguna
le
venía bien, todas le molestaban. "Admito que era muy malcriada",
asume Denise, quien por entonces hacía danza jazz con
Vivian
Lares, de moda en ese momento.
Terminó el secundario en el St. Catherine´s, de Belgrano,
uno de los
colegios más exclusivos de Buenos Aires. "Tenía 11 años
cuando murió
Janine. Me costó mucho volver al cole. Janine era mi ídola",
se
emociona.
Su madre consiguió un permiso especial y Denise empezó
a ir sólo a
la mañana con la condición de que rindiera a fin de año
los exámenes
de inglés en ese colegio. Y cumplió sin perder el nivel:
iba dos veces
por semana a estudiar inglés a un instituto.
Las tres tardes restantes, hacía equitación en el Hípico,
su único
deporte ya que había dejado el hockey (era delantera).
Sin duda,
el dolor por la tragedia le movió la estantería y como
sucede después
de un terremoto, todo se hizo de nuevo. Denise tuvo que
madurar
de golpe y paradójicamente, empezó a descubrirse a sí
misma. En la
casa, ya funcionaba un lema: "Sé lo quieras mientras te
haga feliz y
lo hagas con responsabilidad".
Topless y cirugías
A medida que avanza la temporada teatral 2005, Denise
se va
haciendo más conocida.
Es habitual verla firmar autógrafos por las playas marplatenses,
y conversar con algún espectador que la vio la noche anterior.
"La
veo muy bien.
Se le acerca la gente y por más que esté con alguno de
sus hijos,
porque es muy madraza, charla y habla de la obra", cuenta
orgullosa
la mamá. Denise intenta darle su tiempo a cada cosa. Según
su
mamá, la rutina diaria de su hija es más o menos así:
"Como se
acuesta tarde (los sábados hacen tres funciones), duerme
hasta el
mediodía para estar descansada. Almuerza con sus hijos,
baja un
rato a la playa y se reserva los atardeceres para las
sesiones de fotos
o algunas notas.
Cuida su cuerpo y come sano, con más proteínas", dice
Renée. "Trato
de cuidarme y de relajarme.
Con Germán nos encanta salir a caminar por las noches",
confía
Denise.
Luce un cuerpo escultural y fibroso. Sus medidas son 92-62-90
y hasta ahora sólo se operó las lolas antes de ser madre:
"Lo hice
porque no tenía nada, pero no estoy de acuerdo con este
auge de las
cirugías. Creo que muchas chicas se arruinan y se deforman
al
operarse", sostiene ella, quien no le teme al topless.
"Una vez nos
fuimos lejos con Germán, hice topless y nos engancharon.
Pero soy
bastante cuidadosa. Como modelo no tengo problema en desfilar
ropa
interior, pero no me gusta la provocación. Hice un desnudo
muy
cuidado para Sábado bus. No tengo problema en mostrar,
si está
cuidado. Lo que no me gusta es lo burdo, lo ordinario",
ejemplifica.
La verdad, ¿tu marido está celoso con tu trabajo de
vedette?
Para nada, tengo un marido comprensivo. Que suba al escenario,
con
los brillos, lo enciende. Hemos vuelto a los veinte años.
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